Taylor Marshall entrevista a Viganò (y III)
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¿Qué le gustaría decir a los laicos que no pueden frecuentar la Misa antigua?
Comprendo la angustia que muchos sienten al no poder asistir a la Misa Tridentina. Es como ser privados de la presencia del Señor y de las Gracias que el Santo Sacrificio derrama sobre las almas y sobre la Iglesia. Pero a lo largo de la historia muchos católicos, ya sea en tierras lejanas a las que aún no habían llegado los misioneros, o en tiempos de persecución, se han encontrado sin poder tener Misa más que ocasionalmente. Sin Misa se puede sobrevivir, pero no sin Fe. Por lo tanto, la Fe es indispensable para la salvación, es importante que cada católico alimente su instrucción religiosa tomando en sus manos el Catecismo Tridentino y alimentando el intelecto y el corazón para resistir el contagio del Novus Ordo y sus degeneraciones. Es necesario rezar para que el Señor envíe obreros a su mies y ayude a los pocos sacerdotes que aún son fieles.
¿Cuál fue el rol de McCarrick en el Acuerdo sino-vaticano?
A pesar de que ya se conocían las acusaciones de conducta escandalosa de McCarrick y de que el papa Benedicto había tomado medidas disciplinarias contra él, Bergoglio dio instrucciones al entonces cardenal para tener contactos con el gobierno de Pekín, también por sus llegadas a la Casa Blanca y con el establishment democrático que tenían -y siguen teniendo- relaciones con la dictadura china.
La habilidad de McCarrick para “monetizar” la colaboración de la Iglesia con algunos gobiernos llevó a la firma de un acuerdo secreto, que según algunos rumores -que no puedo verificar- haría ganar millones al Vaticano cada año a cambio de su silencio sobre la persecución de los católicos fieles a la Sede Apostólica y sobre la violación de los derechos humanos.
Como ex Nuncio, ¿qué podría decir respecto al estado de salud del episcopado estadounidense?
El episcopado estadounidense es fruto de décadas de mala gestio vaticana: la corrupción y la presencia de un poderosísimo lobby homosexual -formado en gran parte por protegidos de McCarrick- está totalmente a favor del nuevo rumbo bergogliano, en un escandaloso aplanamiento a las posiciones woke de la izquierda radical que está destruyendo Estados Unidos. Entre estos corruptos se puede incluir a los cardenales Spellman, Bernardin, Dearden, McCarrick y su progenie, así como la Compañía de Jesús, que ha desempeñado un rol decisivo en la disolución del catolicismo.
La parte “sana” de los obispos -que como Nuncio he tratado por todos los medios de promover y defender- es minoritaria, conservadora pero de corte conciliar.
¿Qué piensa del argumento munus-ministerium según el cual Benedicto XVI no dimitió?
La renuncia de Benedicto XVI, debido a los vicios de procedimiento y al monstrum canónico que produjo, es ciertamente inválida, como tan acertadamente explicó el Prof. Enrico Maria Radaelli. El invento del “papado emérito” ha socavado aún más el Primado petrino y ha abierto el camino a ese “papado descompuesto” -en una surrealista división de munus y ministerium sin bases teológicas ni canónicas- que ahora está evolucionando hacia una reinterpretación del rol del Pontífice en clave ecuménica, como vemos en el documento de estudio El Obispo de Roma publicado recientemente por el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Una unidad que es ya una nota de la única y verdadera Iglesia de Cristo, que es la Iglesia católica, y que significativamente el Vaticano II presenta como una meta a alcanzar a través de una interpretación del dogma que no presente conflictos con los errores de las sectas no católicas.
El hecho de que Ratzinger considerara subjetivamente abdicar del Papado no incide en la nulidad de la Renuncia. A pesar del aura de ortodoxia que rodea el pontificado de Benedicto XVI, especialmente en los círculos conservadores moderados, su redefinición del instituto petrino y la creación del Papado emérito constituyen la máxima expresión de las instancias heréticas presentes en la teología de Ratzinger, y como tales deberán ser objeto de una condena muy precisa, junto con las demás herejías (bien puestas de relieve por los estudios del eminente profesor Radaelli) que el teólogo alemán nunca ha repudiado.
¿Qué debería hacer el próximo Papa? ¿Debería declarar a Bergoglio antipapa? ¿Invalidar el Vaticano II?
Cuando Nuestro Señor se encarnó hace 2024 años en Israel no había ni rey ni sacerdocio. Si nos acercamos al final de los tiempos, creo que la vacante de la Sede Apostólica está destinada a durar. Cuando vuelva a la tierra, Nuestro Señor retomará el cetro temporal y la corona espiritual, reasumiendo en Sí mismo los poderes reales y sacerdotales hoy ilegítimos.
Pero si la Providencia se digna conceder a la Iglesia un verdadero Papa, podría ser reconocible por la condena y la declaración de la nulidad del Concilio y de los desastres que produjo. Un Papa santo aboliría el Novus Ordo y restauraría la Liturgia tradicional, porque tendría en su corazón ante todo la gloria de Dios, el honor de la Iglesia y la salvación de las almas.
El papa León II declaró anatema a su predecesor el papa Honorio. ¿Sucederá de nuevo?
Eso sería lo mínimo. La condena del error es necesaria para restaurar el orden violado, que está fundado en Dios, es decir, en la Verdad Suprema. Honorio fue excomulgado por el papa León II no porque fuera hereje, sino porque profana proditione immaculatam fidem subvertere conatus est -con una traición mundana intentó subvertir la pureza de la Fe- porque no había condenado claramente la herejía monotelita, según la cual en Cristo no hay dos voluntades -una divina y otra humana según las dos naturalezas- sino una sola. La acción subversiva de Bergoglio es mucho más grave, como son mucho más graves las herejías que el Vaticano II no sólo no combatió, sino que se convirtió en vehículo pastoral de las mismas, en un colosal engaño al cuerpo eclesial.
Si Bergoglio fuera un antipapa, ¿sus cardenales no serían anti cardenales e inválidos? ¿Cómo se celebraría un cónclave? Para resolver este problema, lea la “tesis de Cassiciacum” de Guérard des Lauriers. ¿Está usted de acuerdo con su tesis del “papado material”?
La mayoría del Colegio Cardenalicio está compuesto en su mayoría por personajes ampliamente comprometidos y corruptos. Es más, la ilegitimidad de Bergoglio (debida también a las infracciones prescritas en la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregisque invalidan su elección) hace nulos todos sus actos de gobierno, por lo tanto también todos los nombramientos del Sacro Colegio. Si los Cardenales nombrados por el predecesor reconocieran que Bergoglio no es Papa y convocaran un Cónclave, tendrían que tener el valor no sólo de deplorar los efectos actuales, sino también sus causas, que se remontan todas ellas al Concilio Vaticano II.
La llamada tesis de Cassiciacum toma su nombre de la ciudad hoy llamada Cassago Brianza, en Lombardía, donde en 387 d.C. San Agustín se retiró en oración con su madre antes de recibir el Bautismo. Esta tesis, formulada en 1978 por el padre Guérand des Lauriers O.P., identifica en los Papas postconciliares -desde Montini hasta Bergoglio- una aceptación exterior del Papado empañada por un obstáculo interno (el deseo de promover las nuevas instancias del Concilio Vaticano II que contradicen el Magisterio perenne de la Iglesia)-, un obstáculo que impide la comunicación por parte de Dios del carisma divino que normalmente pertenece al Vicario de Cristo. En ausencia de esta “intención objetiva y habitual de procurar y realizar el bien y el fin de la Iglesia”, los Papas postconciliares serían entonces Papas sólo materialmente, como sólo canónicamente elegidos, y por tanto propiamente “no Papas”.
La revolución conciliar -de la que Bergoglio es implacable ejecutor- tiene como objetivo la disolución del Catolicismo romano en una falsa religión sin dogmas de inspiración masónica, que se logrará mediante la parlamentarización de la Iglesia según el modelo de las instituciones civiles. Esto requiere una reducción del Papado y la extinción de la Sucesión Apostólica, junto con un derrocamiento radical del Sacerdocio ministerial. Por esta razón, aunque por el momento sea oportuno suspender el juicio definitivo sobre los Papas del Concilio, es necesario poner entre paréntesis, por así decirlo, todo lo que produjeron, en particular el Catecismo y la enseñanza doctrinal, la reforma de la Misa y de los Sacramentos, y entre éstos el rito de conferir las Sagradas Órdenes.
Lo que sí puedo decir es que, respecto a las tesis del sedevacantismo o del sedeprivazionismo -que también tienen elementos que pueden compartirse en teoría-, no es posible creer que el Señor haya permitido que su Iglesia permanezca eclipsada y privada de los medios ordinarios de la Gracia -los Sacramentos- durante más de sesenta años, con obispos y sacerdotes no válidamente ordenados y, en consecuencia, con Misas y Sacramentos inválidos. El mysterium iniquitatis no puede implicar la pérdida de la asistencia prometida por Cristo a la Iglesia –Ecce ego vobiscum sum usque ad consummationem sæculi(Mt 28, 19). Pero por nuestra parte urge restaurar la integridad del Depositum Fidei (Lex credendi) y su expresión orante (Lex orandi) para que no prevalezcan las puertas del infierno.
+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo
© Traducción al español por José Arturo Quarracino